Nuestro ánimo y nuestra motivación están muy elevados. Este será el año que bajaremos de peso, haremos ejercicio, aprenderemos esa segunda lengua, tomaremos clases de pintura, etc., etc., etc. Y todo parece ir viento en popa. De hecho, es principio de Enero y ya empezamos a hacer ejercicio y dieta, ya comenzamos nuestra primera clase de francés y ya sacamos del ático nuestros utensilios para pintar. 

No hay nada que nos detenga, el 2021 será nuestro año. Y sin embargo, llega febrero y el ejercicio se reduce a una vez por semana, la dieta ya no la seguimos los jueves, porque son juevesitos, ni los fines de semana, ya que esos días las calorías “cuentan menos”. Las clases que tanto tiempo anhelábamos retomar, resultan mucho más difíciles y decidimos que nada más no se nos da ese pasatiempo y volvemos una vez más a dejarlo. 

Lo sabemos, es apenas enero y todos estamos motivados pero esta película ya la hemos visto una y otra vez. Es bien conocido que las resoluciones de año nuevo tienen una probabilidad de éxito muy muy baja. De hecho, según un estudio en la Universidad de Scranton, las resoluciones de año nuevo tienen un abismal 8% de tasa de éxito.

Pero no hay que preocuparse, existen formas de poder mantener las promesas que nos hacemos. 

Estas promesas se pueden lograr mediante la creación de hábitos.

Todos tenemos hábitos, nos demos cuenta o no. Algunos de estos hábitos inclusive son positivos, como lavarse los dientes después de cada comida (realmente esperamos que así lo hagan). Algunos otros hábitos son menos positivos, como tomar el celular en cada momento que uno está aburrido. 

Resulta que existe mucha literatura de cómo se forman estos hábitos y de la forma en que se pueden ir incorporando a mejorar cualquier aspecto de nuestras vidas.

En esta primera parte de nuestra publicación, veremos qué es un hábito y cuáles son sus componentes.

Pero antes que nada, ¿Qué es un hábito?

Simple y sencillamente, un hábito es un comportamiento que se ha repetido suficientes veces para convertirse en automático.

El proceso de formación de hábitos comienza con el juicio y el error. Cuando se encuentra una nueva situación en la vida, el cerebro tiene que tomar una decisión. ¿Cómo respondo a esto? La primera vez que uno se encuentra con un problema, no estamos seguros de cómo resolverlo.

Cada vez que enfrentamos un problema repetidamente, nuestro cerebro empieza a automatizar el proceso de resolverlo. Los hábitos son sólo una serie de soluciones automáticas que resuelven los problemas y situaciones de estrés que enfrentamos con regularidad. 

A medida que se crean hábitos, el nivel de actividad en el cerebro disminuye. Cuando surge una situación similar en el futuro, sabemos exactamente qué buscar. Ya no es necesario analizar cada ángulo de una situación. 

Según James Clear, autor del libro bestseller “Hábitos Atómicos“, el proceso de construir un hábito puede dividirse en cuatro pasos simples: Señal, Anhelo, Respuesta y Recompensa. La división en estas partes fundamentales puede ayudarnos a entender lo que es un hábito, cómo funciona y cómo mejorarlo.

 

Señal

Primero, está la señal. La señal activa nuestro cerebro para iniciar un comportamiento. Es un poco de información que predice una recompensa.

Existen cientos de señales en nuestras vidas que dan inicio a todo tipo de actividades. Por ejemplo, es relativamente común para muchas personas que antes de empezar a trabajar, necesitan tomarse un café. En este caso, la señal para comenzar a trabajar es el café. 

 

Anhelo

Los anhelos son el segundo paso, y son la fuerza motivacional detrás de cada hábito. Sin algún nivel de motivación o deseo, sin querer un cambio, no tenemos motivos para actuar. Lo que anhelamos no es el hábito mismo sino el cambio en el estado que entrega. No deseamos fumar un cigarrillo, deseamos el sentimiento de alivio que proporciona. No estamos motivados a cepillarnos los dientes sino por la sensación de una boca limpia. No queremos encender la televisión, queremos ser entretenidos. 

 

Respuesta

El tercer paso es la respuesta. La respuesta es el hábito real que se realiza, el cual puede tomar la forma de un pensamiento o una acción. Si se produce una respuesta depende de cuán motivados estemos y cuánta fricción se asocia al comportamiento. Si una acción concreta requiere más esfuerzo físico o mental del que estamos dispuesto a gastar, entonces no la haremos. Nuestra respuesta también depende de nuestra capacidad. Suena simple, pero un hábito puede ocurrir sólo si somos capaces de hacerlo.

 

Recompensa

Por último, la respuesta nos da una recompensa. Las recompensas son el objetivo final de cada hábito. La señal es acerca de hacer notar la recompensa. El anhelo es acerca de querer la recompensa. La respuesta es acerca de obtener la recompensa. 

Perseguimos las recompensas porque sirven para dos propósitos: 1) nos satisfacen y 2) nos enseñan.

El primer propósito de las recompensas es satisfacer nuestras ansias o anhelos. Sí, las recompensas proporcionan beneficios por su propia cuenta. La comida y el agua entregan la energía que necesitamos para sobrevivir. Conseguir un ascenso trae más dinero y respeto. Ponerse en forma mejora nuestra salud y aumenta nuestras opciones en el amor. Pero el beneficio más inmediato es que las recompensas satisfacen nuestro anhelo de comer, ganar estatus o ganar aprobación. 

Al menos por un momento, las recompensas nos proporcionan felicidad y alivio de ansias.

En segundo lugar, las recompensas nos enseñan qué acciones merecen la pena recordar en el futuro. Nuestro cerebro es un detector de recompensas. A medida que avanzamos en la vida, nuestro sistema nervioso sensorial está monitorizando continuamente qué acciones satisfacen nuestros deseos y nos dan placer. Los sentimientos de placer y decepción forman parte del mecanismo de retroalimentación que ayuda a nuestro cerebro a distinguir acciones útiles de las inútiles. 

Las recompensas cierran el ciclo de retroalimentación y completan el ciclo de hábitos.

En las partes 2 y 3 veremos las diferentes leyes o recomendaciones para crear hábitos positivos y el por qué los buenos hábitos son muy importantes aprenderlos desde la edad escolar (aunque nunca es  tarde para hacerlo).

Si tienen cualquier duda o comentario, nos pueden contactar en: info@isom.mx